Y la desidia que amenaza, que decía una canción de Zumo de Vidrio, el grupo previo a Héroes del Silencio. Y es en ésta en la que me encuentro... Con ganas de hacer cosas pero a la vez con ganas de no hacer nada. Motivada por una parte pero acojonada por la otra. Y es que quedan pocos días, sólo una semana, para volver a la vida real y salir de este letargo de mariposa en el que me he sumido durante varios meses, tejiendo una especie de coraza de duda, más semejante a una veleta que a otra cosa. Y es que el martes que viene empiezo en la Universidad, por fin (piensa mi Yo positivo) y por qué (piensa mi Yo dubitativo). Con contrato de becaria (ahorraremos todo comentario referente a Clinton y sus gustos, porque ya está un poco pasado de moda y ya gocé de ese status hace un par de años, así que no tiene gracia) durante 6 meses, hasta que me dén (optimismo de nuevo) la beca de investigación y pueda vivir de ello durante 4 años por lo menos. Así que las cosas vuelven tranquilamente a su cauce.
Hoy, en la facultad, he podido reencontrarme con un antiguo compañero de clase de mis tiempos de teeneger (esos años que no deberían existir porque no sabes qué quieres, cómo eres y cómo quieres que te vean, con lo que acabas con una paja mental del quince, toda llena de contradicciones). Y creo que en 7 años los dos hemos tenido tiempo para madurar. Por mi parte, para dejar de ser una sosita mojigata con calcetines cortos que miraba embobada la foto de Bunbury y pensaba en príncipes de mallas ajustadas, y por su parte para dejar de ser un tocabowlings y convertirse (aparentemente, asoma mi Yo prudente) en un compañero de trabajo cordial y agradable, por qué no. ¿Estaremos entrando en la madurez? Bueno, una profesora que ha entrado en el despacho de L. mientras estábamos hablando ha pensado que yo era una estudiante, así que todavía no soy una mujer madura. Avon, no voy a abrir la puerta para comprar tus cremas antiarrugas, así que ahorrate el esfuerzo...
4 comentarios:
El día que se volvieron a encontrar, ella mantenía el gesto prudente y expectante. Él, tenía muchas ganas de agradar. Ella cruzaba los dedos para empezar su nueva andadura de la mejor manera. Él, tenía la seguridad de la experiencia. Ella quería aprender, quería saber, quería comerse el mundo con patatas (con ketchup). Sabía que podía hacerlo. Él no llevaba mallas ajustadas. Ella estaba pensando en comprarse una cremuqui anti-inseguridades (ya que la edad la llevaba dignamente).
Entonces, entró L. en el despacho. Y se puso a hacer un paso de baile, ante el asombro de los presentes; él lo llamaba "me estoy quemando en las llamas del infienno" y le salía francamente bien. Era todo un crack escénico.
Y E. y S. comprendieron que estaban en el sitio preciso, en el momento adecuado y con la compañía perfecta.
(¿Te ha gustau el cuento? Para que luego te quejes de que no te comento, pero cuando me pongo, me pongo... Hala, maja, a dormir que ya toca, un besote.)
Mmmmm... El tema de las mallas ha fallado, así que siento decirte que ese cuento ya no es perfecto, maja. Además, ya tengo yo a mi "Principito" para que me baile, jajaja.
Oye, a ti se te va un poco la olla a estas horas, no?
Besotes.
P.D.- No sé si te sirve de consuelo, pero tampoco puedo dormir. Ains...
"Con ganas de hacer cosas pero a la vez con ganas de no hacer nada."
es lo que más define mi curro en estos momentos.
es que con ese peazo comentario de magui, cualquiera lo supera!!
besos a las dos
Bueno, si quieres emilar a Magui solo tienes que hacer lo siguiente: pegarte 2 días sin dormir, tomar un poco de café (bien cargado, no sea cosa que no haga efecto, siempre hay que desconfiar)y tener la mente un poco abstracta, jajaja.
Besotes.
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